martes, 29 de enero de 2013

La Judería de Sigüenza

Sigüenza se asienta en un cerro rodeado por el río Henares y varios arroyos, lo que unido a estar en la vía que unía Mérida con Zaragoza, al igual que otras villas como Hita, Jadraque o Medinaceli, la convirtieron en un lugar económica y estratégicamente importante. Ya se tiene constancia de la existencia de una población celtíbera llamada Segontia durante el S. III a.c, pues durante la invasión cartaginesa fue asediada. Más tarde, en el S. II a.c, durante Guerras Celtíberas es ocupada por los romanos, que establecieron en este lugar un importante centro militar y residencial.
Esta importancia en época romana no decayó durante el dominio visigodo, donde continuó su crecimiento económico y demográfico, convirtiéndose en sede episcopal. Bajo dominación musulmana se constituye la medina, con importantes remodelaciones del castillo. Tras la toma por parte de los cristianos, sería recuperada como sede episcopal y debido a su privilegiada ubicación la hizo tener un destacado papel defensivo.
El trazado medieval de la ciudad se ve influenciado tanto por la presencia musulmana como por ser sede episcopal. En 1121 Bernardo de Agén es investido obispo de Sigüenza por el arzobispo de Toledo Bernardo de Sedirac y hacia 1124, tras haber conquistado la ciudad, inicia las obras de la que sería la catedral, que obispos posteriores continuaron hasta que se finalizó en el siglo XVI, lo cual conferiría a la ciudad, la actual distribución.
La presencia de la población judía en Sigüenza está documentada en una concesión que da el rey en 1124 para realizar enterramientos en la “cuesta del huesario” cuando la ciudad es conquistada, lo que nos indica que los judíos ya habitaban Sigüenza bajo dominación musulmana. Esta necrópolis cuyo uso se extendió hasta 1492, fue redescubierta en el 1826, en el que se encontraron gran cantidad de esqueletos en sepulcros independientes.





Además, Alfonso VII concede al obispo la jurisdicción sobre la aljama, por lo que gran parte de los tributos irían a las arcas del clero y quedando desde este momento, hasta el año de la expulsión, la comunidad judía queda ligada y bajo la tutela del Obispo de la ciudad. Aun así, en el fuero de Sigüenza se especificaba que: "Todos los omes que moraren en Sigüenza, xristianos, arrianos et judios et moros todos ayan y fuero", indicando las obligaciones de cada uno de los credos que cohabitaban en la ciudad, además de la dispensa de fomentar la repoblación de la zona.



Es probable que durante la dominación musulmana, los judíos contaran con su propio barrio, separado de los musulmanes y de los mozárabes. Tras la conquista cristiana, y bajo la protección del señor de la villa, es decir, del Obispo de Sigüenza, la población hebrea goza de una relativa libertad y prosperidad, lo cual permitió una cierta dispersión de la población por la ciudad, desplazándose hacia los aledaños de la Catedral, pues era una zona más apta para el comercio. Según documentación existente en el archivo de la catedral, la convivencia entre judíos y cristianos fue buena hasta fines del siglo XV. Sin embargo, parece también documentarse que los judíos de la ciudad se concentraron en la zona alta de, junto al Castillo. 
En 1412 y tras una serie de disturbios promovidos por las predicaciones de San Vicente Ferrer que se extendieron por los diferentes reinos de la península, Juan II de Castilla ordenó la reclusión de la población hebrea en barrios separados físicamente del resto de la población, por lo que los judíos ocuparon esa zona que hoy en día se conoce como Barrio Judío o Barrio Nuevo. 
La Judería de Sigüenza tenía en su centro una sinagoga y ocupando el declive que protegía el Castillo y teniendo como límites el Portal Mayor y la Calle travesaña Baja. La Puerta de Hierro que hoy en día podemos observar, sirvió como puerta de paso entre la zona de la judería y el resto de la ciudad.


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El Barrio judío, rodeado por murallas, tuvo al “Portal Mayor” la entrada principal y daba paso, además, a la zona donde se realizaban los enterramiento, el “osario de los judíos” o como popularmente se conocía “cuesta del “cuesta del huesario”. 


Otras tres puertas, en lugar de una como indicaba la legislación, comunicaban al Barrio judío con el resto de la ciudad: "Herreros" o “Puerta de Hierro”, "Medina" (quemada en el siglo XVI y actual Puerta Nueva) y "Arquillo de San Juan". 



Además, la zona era mucho más favorable para el comercio, de modo que su comunidad creció prósperamente. Compartían el barrio con los Musulmanes, cuyo número había disminuido tan drásticamente que no alcanzaban para constituir por sí mismos un barrio, estando restringidos a una sóla calle, la de los Herreros.

   

En la Sigüenza medieval, la Puerta de Hierro fue la entrada principal de la ciudad. Entre el espacio comprendido entre la muralla del siglo XII que albergaba esta puerta y la muralla del siglo XV donde se encuentra el Portal Mayor, se situó la judería. Esta zona, fue el lugar donde se instalaron artesanos y comerciantes de Sigüenza. La Puerta del Hierro al ser una de las entradas principales es donde se cobraba el impuesto de entrada de las mercancías dentro del recinto amurallado para la venta de productos en el mercado semanal. La Plaza del Hierro (donde se ubica la puerta del mismo nombre) era conocida antiguamente como Plaza del Trigo y durante la edad media fue zona de mercado.

     

El Arquillo de San Juan o Puerta de la Travesaña Baja, abierto en el siglo XIII en una de las torres de la muralla, permitió la comunicación entre el barrio de la Judería, ubicada entonces en la calle Travesaña Baja, y la Morería, cuyo centro, como hemos dicho era la Calle Herreros. Dicho arco tiene en su interior hay un balconcillo corrido del siglo XVIII con la imagen de la Vírgen del Carmen.
Hoy en dia se mantiene la huella judía en el callejero de Sigüenza; la calle de la Sinagoga, anteriormente llamada Calle de Judes, nos indica claramente donde se situó la llamada Sinagoga Nueva, aquella que la comunidad construyó tras su traslado a la judería.



Según describió Francisco Cantera en su libro "Sinagogas Españolas", la Sinagoga Nueva se correspondería al número 8 de esta calle, en el que todavía se puede apreciar un arco de medio punto, pero no los huecos de dos las ventanas que él mencionaba. También la documentación archivada en la catedral especifica que el antiguo templo judío se ubicaba en la calle de San Vicente, por tanto, en el mismo sector donde hoy encontramos la calle de la Sinagoga. En este lugar se estableció posteriormente a 1492 una iglesia, aunque posteriormente se transformó en viviendas, tal como han recogido las crónicas, diviéndose el edificio en tres.

    
 
También en la misma orden de 1412 de Juan II, se ordenaba limitar el número de templos judíos que la comunidad hebrea podía tener en una ciudad a uno sólo, por lo que parece que una de las posible Sinagogas, de las dos con las que contó la comunidad, se vendió a la cofradía de San Juan Bautista, que aunque no se conservan registros sobre esta transacción. Crónicas posteriores, relacionaron a este edificio con actividades judaizantes.

    

Parece que tuvo tanta importancia la comunidad judía de Sigüenza, que en las crónicas de aquel momento era conocido que el cardenal Francisco Jiménez deCisneros (1436 - 1517), aprendió el hebreo de un judío seguntino durante su estancia en la ciudad.
"Tan aficionado como esto era de las letras y de hacer fundaciones, si bien a la Sagrada Escritura era toda su inclinación, pues como otro Jerónimo, empezó a aprender la lengua Hebrea y Caldea de un judío de esta ciudad (Sigüenza) para entenderla perfectamente y fueron tan buenos estos principios, que se valió mucho de ellos en el trabajo de la Biblia Complutense " Jiménez de Cisneros, descrito por Pedro Quintanilla (1653).


En los repartimientos del «servicio y medio servicio» de los judíos de Castilla de 1484, 1485,1490 y 1491, la población aportó entre 1000 a 1500 maravedíes, por lo que tuvo suficiente población y era lo suficientemente importante como para adquirir la categoría de aljama. Es cierto que parte de los hebreos se dedicaban a la agricultura, pero se sabe que los judíos tenían en esa ciudad importante negocios de explotación de salinas, como en la vecina Medinaceli. Cabe señalar que en 1490, cuando la comunidad había perdido gran parte de su prosperidad, aún pudo reunir la considerable suma de 204.464 maravedíes por el rescate de los judíos de Málaga, que había sido conquistada por los Reyes Católicos.

Luego, después de la Expulsión, el barrio fue repartido entre los poderosos, y se sabe que el cardenal Mendoza donó la antigua sinagoga a un pariente suyo, don Pedro Lasso de Mendoza, que en 1494 la ofrecía en venta por veinte mil reales.
El 15 de febrero de 1496 el Cabildo manda “se dé al señor Pero Laso parte de los maravedíes que se le han de dar de la venta de la sinoga”.

Bibliografía:
[1] Francisco Cantera "Sinagogas españolas", Madrid 1955
[2] Francisco Cantera y Carlos Carrete "Las juderías medievales en la provincia de Guadalajara", Madrid 1975
[3] Francisco Javier Dávara Rodríguez "La judería medieval seguntina", Anales Seguntinos, Vol. I, n. 2, Sigüenza 1985
[4] Marcos Nieto "Las sinagogas de Sigüenza", Madrid 1998
[5] Jose Antonio Gómez Gordo "Sigüenza. Historia. Arte. Folkore", Sigüenza 1978
[6] José Luis Lacave "Juderías y sinagogas españolas", Madrid 1992
[7] Javier Castaño González "Las comunidades judías en el obispado de Sigüenza en la Baja Edad Media: transformación y disgregación del Judaísmo en Castilla a fines del Medievo", Tesis Doctoral, Universidad Complutense de Madrid, 1994

lunes, 7 de enero de 2013

Yosef Chicatilla


Yosef ha-Qatán bar Abraham Chiqatela óChicatilla  nació en la Villa deMedinaceli en 1248. Durante un tiempo tuvo como maestro al cabalista Abraham Abulafia. Llegó a tener unos concimientos cabalistiscos tan profundos que hasta se llegó a afirmar que realizaba milagros, por lo que se le llamó "José Baal ha-Nissim" (el taumaturgo o literalmente maestro de los Milagros). Al igual que su maestro, Chicatilla a se ocupó de combinaciones místicas y transposiciones de letras y números, de hecho, Abulafia le considera como el continuador de su escuela. Pero Chicatilla no fue un adversario de la filosofía, por el contrario, trató de conciliar la filosofía con la cábala, declarando que ésta es la base de la primera. Se centraría posteriormente en la ciencia más elevada, es decir, en el misticismo. Sus obras representan en general un desarrollo progresivo de la visión filosófica del misticismo. Su primer trabajo muestra que tenía un conocimiento considerable de las ciencias seculares, y que estaba familiarizado con las obras de Ibn Gabirol, Ibn Ezra, Maimónides y otros. Murió en Peñafiel después de 1305.


Chicatilla fue un escritor muy prolífico; su primera obra fue escrita cuando contaba sólo veintiseís años, el Ginnat egoz (גנת אגוז), un tratado cabalístico en tres partes. Sin embargo, sería otra obra, el Shaaré Orá o Sefer ha-Orah (שערי אורה) su obra más importante y más influyente, y que es considerada la clave o punto de partida para los estudios cabalísticos. En esta obra se discute sobre los 300 nombres de Dios, se articulan en 10 capítulos o Sefirot, del cual hay un nombre principal del que emanan los demás.

La Aljama de Medinaceli

La localidad Soriana de Medinaceli fue conquistada en el año 153 a.c. por las tropas romanas, según cuentan las crónicas del historiador Apiano; los romanos someten a los moradores celtíberos de Occilis, convirtiendo este enclave en un punto importante para el  control de la vía que unía Caesaraugusta (Zaragoza) con Emerita Augusta (Mérida), a través de Toletum (Toledo) y otras secundarias que la unían con Tiermes, Uxama (Osma) y Numancia. Su localización en lo alto de un cerro la hacía poder controlar este paso por el valle del Jalón. La presencia romana en Medinaceli, queda bien constatada con el impresionante Arco, parte de la muralla, restos de la calzada o mosaicos y elementos decorativos que salpican la localidad y que ha sobrevivido a las acometidas del tiempo.


Fueron los romanos los primeros que empezaron a explotar las salinas de la zona, construyendo las primeras albercas para la obtención de sal, moneda de cambio de aquel entonces, y algo que marcará la historia de Medinaceli hasta casi el siglo XXI.  
No es hasta la invasión musulmana, cuando Medinaceli vuelve a adquirir cierta importancia. De hecho, el nombre de la ciudad que ha llegado hasta nuestros días tiene un claro origen árabe; las crónicas árabes la denominan Medina Talmeida (ciudad de la mesa) y después Madinat Salim (ciudad fundada por Salim ibn Waramad), de donde derivará a Medinaceli. De estos topónimos surge la extendida leyenda que cuando Tariq derrota a Rodrigo en la Batalla de Guadalete, la legendaria Mesa de Salomón es llamada a Medinaceli, adquiriendo por eso el nombre de la Ciudad de la Mesa, o que Madinat Salim es una deformación de Madinat Shelim, Ciudad de Salomón, en clara alusión de nuevo a la Mesa de Salomón.
Ante el avance de las tropas cristianas a finales del siglo IX, Medinaceli se convierte en la capital de la “MarcaMedia”, quedando las fronteras establecidas a lo largo del río Duero. Desde aquí, Galib como Almanzor lanzan campañas y razias hacia las tierras cristianas, protegiéndose en Medinaceli por su fuerte carácter defensivo casi inexpugnable. Con la caída de Toledo en 1085, Medinaceli se convierte en el único bastión musulmán que aun perdura  del otro lado del Tajo. No fue hasta el 1123 en el que Alfonso I de Aragón, llamado “El Batallador” toma la ciudad. De esta época, aun perduran una parte de las murallas, el Arco árabe y la Alcazaba.



La etapa medieval deja la huella más profunda, destacando el trazado de las calles y las casas blasonadas, así como el Palacio de los Duques de Medinaceli que preside la gran Plaza Mayor con soportales donde también se sitúan la Casa del Consejo y la Alhóndiga.


La primera noticia de la existencia de judíos en Medinaceli se extrae de un documento fechado en 1187, en el que se describe como un judío local, se compromete a recoger la sal y entregar la mitad al arcediano de Sigüenza, y como transcurridos cuatro años, tuvo que entregarlo todo a la catedral. Y es que como indica el gran hebraísta Francisco Cantera Burgos, las actividades principales de los judíos en la provincia de Soria fueron las de prestamistas, arrendadores de rentas, cobradores de las mismas, mercaderes (especialmente en el comercio de lanas, paños y ganados) y de salineros en Medinaceli.


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La judería de Medinaceli se puede situar en la proximidad de la muralla, al noreste del entramado urbano, entre el Palacio Ducal hasta  a la Iglesia o Beaterio de San Román, teniendo como vía principal la calle de San Román, antigua calle de la Sinoga o Sinagoga, y es que esta calle que parte de la misma plaza mayor llega directamente hasta esta iglesia, razón esta por lo que se ha identificado desde un principio como la posible antigua Sinagoga de la villa y por los estudios de autores como Blas Taracena, José Tudela y Francisco Cantera.



Aunque no existe documentación escrita, si se observa que la planta de la Iglesia de San Román es muy diferente a las de construcciones de su época, de estilo románico, y si que responde a la tipología de las sinagogas que se edificaron los templos judíos de esa época. De planta rectangular, sin ábside ni presbiterio, se distribuye en tres naves separadas por gruesas columnas sobre las que descansan bóvedas de crucería, lunetos y cúpulas hemisféricas y elipsoidales, todo ello desgraciadamente revestido y oculto con yeserías. En julio de 1980 se descubrieron restos de los siglos XIII-XIV y se observó claramente que sobre ellos estaba una viguería de otro templo anterior que debió ser la sinagoga, y de los que se conservaban cuatro arcos apuntados que fueron cerrados en el XVIII.



El exterior es de piedra con tres contrafuertes en talud que parecen soportar el empuje de muro, con una puerta de acceso de medio punto y ventanas adinteladas distribuidas sin lógica por los muros. Sólo una espadaña de estilo renacentista nos indica de la función que tuvo hasta hace poco. El historiador Nicolás Rabal informa que dejó de ser parroquia a mediados del siglo XVI. Posteriormente se convirtió en Beaterio manteniendo su culto hasta el último tercio del siglo XX, cuando la congregación de jerónimas que lo habitaba, se trasladó a tierras andaluzas.
En la actualidad debido a su estado, no es posible su visita.


Junto al Beaterio de San Román, se puede visitar una nevera que para unos es árabe y para otros judía por estar situado en este barrio.


En 1124 Alfonso I “el Batallador” concede elFuero de Medinaceli. La única alusión a la población judía en este fuero es la que indica que “Vecino non tenga voz si non de moro o de judío” que se interpreta como la superioridad del cristiano sobre los hombres de las otras religiones. Existió durante la edad media la obligación de que fueran los judíos medinenses los encargados de reparar la muralla desde el arco romano hasta la Puerta de la Coz (Hoy en día desaparecida). En 1248 nacía en esta villa el gran cabalista Yosef ha-Qatán bar Abraham Chiqatela, más conocido como YosefChicatilla,  autor de Ginnat’egoz y del Shaaré Orá, y escribió sobre los atributos de Dios, los nombres divinos y las Sefirot. Fue llamado el “divino cabalista” y considerado un taumaturgo.
Hoy en día, la totalidad de esta parte de la villa ha desaparecido bien por el abandono o ha sido sustituido por construcciones más recientes. Incluso parece que la judería estuvo separada del resto de la villa, pues hay documentos que mencionan la existencia de un vano de paso o arco, llamado “sassa juderías”, pero que hoy se desconoce su ubicación.


Aunque las juderías sorianas no llegaron a tener un gran protagonismo durante los últimos años de los judíos en Castilla, llama mucho la atención el elevado número de judeoconversos y judaizantes que incluso antes de la firma del edicto de expulsión habitaban en las localidades sorianas de Almazán, Berlanga de Duero o Medinaceli, con un alto número de autos de fe y juicios por parte de la inquisición en esta parte de Castilla. En los repartimientos de Medinaceli, se constata que durante los últimos años antes de su expulsión, el pago fue similiar al de las juderías de Sigüenza o Atienza.

Bibliografía:

[1] Juderías medievales en la provincia de Soria. Cantera Burgos, Francisco. Homenaje a Fray Justo Pérez de Urbel, Silos, año 1976, páginas 445 a 482.
[2] La comunidad judía y losprocedimientos judiciales en la Baja EdadMedia. Fernando Suárez Bilbao. Profesor del Colegio Universitario Ramón Garande. Universidad Complutense

miércoles, 2 de enero de 2013

La Aljama de Zorita de los Canes

Hablar de judíos en Zorita de los Canes es hablar de su castillo, y hablar de su castillo es hablar de la Orden de Calatrava, de los fueros concedidos a la villa por Alfonso VIII y por la repoblación de la zona.
Con la frase “Zorita es fuerte porque está hecha con piedras de Recópolis”, Al-Rasis, describió como la fortaleza deZorita se construyó durante el siglo IX utilizando como cantera la vieja ciudad visigoda de Recópolis. Y es que Zorita cumplía un importante papel como enclave defensivo y punto estratégico sobre el valle del Tajo y sobre esta zona de la Alcarria que se convirtió durante buena parte de la edad media, en tierra fronteriza, desplegándose en sus tierra la “marca media” como parte de las defensas árabes. Para reforzar estas defensas, los musulmanes habían cuidado también asegurar la retaguardia con núcleos como fue Madinat Zorita que se convirtió en una importante plaza por su lugar estratégico que  incluso llegó a ser capital de uno de los distritos administrativos de Al-Andalus. 


El Castillo de Zorita se encuentra situado sobre un cerro rocoso y rodeado por el río Tajo a un lado y por el arroyo Badujo al otro, convierto este lugar en una posición estratégica vital para la vigilancia y control de comunicaciones a través del único puente que cruzaba el Tajo, de los tres, por los que solo estaba permitido atravesar las mercancías y pagar los pontazgos debidos al Rey de Castilla (Zorita, Alarilla y Toledo), y que, por tanto, aseguraba ser el paso obligado entre la cabecera del Tajo y la zona meridional de la Alcarria, así como ser la puerta de entrada al acceso desde el noreste hasta Toledo.
La alcazaba de Zorita no fue nunca conquistada ni por asalto ni por asedio, si no que fue cambiando de manos mediante de pactos. Con la desintegración del Califato (1031) y el surgimiento de los primeros reinos de Taifas, Zorita pasó a pertenecer al reino de taifa de Toledo que en 1085 cae en manos del rey de Castilla, Alfonso VI; en este año Zorita y su fortaleza pasan a tener cierta relevancia en el avance hacia Cuenca, siendo entregada esta plaza a Alvar Fañez de Minaya, el lugarteniente de Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid. Sería en este periodo en el que se comenzaría la repoblación de la Alcarria, aunque sólo donde existían ya núcleos urbanos. Este proceso de por sí lento, y fue frenado durante años e incluso en ocasiones destruido, por la invasión almorávide.



Tras un traspaso de la fortaleza a manos musulmanas, sería Alfonso VII quien la recuperaría de nuevo, y sería su hijo, Alfonso VIII quien donaría la fortaleza, así como la villa, y tierras colindantes como Pastrana, a la Orden de Calatrava,  con el objetivo de defender el paso por el río Tajo de las nuevas oleadas y razias de invasores musulmanes, los Almohades, que hacía poco estaban arrasando con los reinos cristianos de la península. Cuando a finales del siglo XII y comienzos del XIII las tribus almorávides se deshicieron, el Castillo de Zorita pasó a ser el centro y sede de la Orden. Los calatravos ejecutan las obras arquitectónicas más relevantes del castillo entre los siglos XIII y XIV. En el interior del recinto se edifica la iglesia románica de San Benito, se refuerzan murallas y accesos, se construyeron almacenes, aljibes, almazaras, así como las habitaciones destinadas a albergar a los monjes calatravos, haciendo de Zorita el castillo más importante de la Alcarria.


Alfonso VI ya concede a la villa en 1133 un fuero que contiene disposiciones favorables a "moros y judíos" equiparándoles en cierto modo con los cristianos Con el control de la Orden de Calatrava, Zorita no sólo se convierte en la cabeza de la gran Encomienda, sino que además se designa  como concejo libre y de realengo por lo que se repuebla con castellanos del norte, mozárabes y judíos, amparados todos ellos bajo las normas de un Fuero común. La Orden de Calatrava cambia radicalmente la organización territorial, haciendo aparecer nuevas prácticas económicas y lo más importante, consiguiendo un nuevo fuero del rey Alfonso VIII el 8 de abril de 1180 para poblar el territorio y dotarlo de un ordenamiento jurídico.

Los judíos que vinieren a poblar Zorita tales fueros, e tales calonnas ayan quales han los otros pobladores christianos” (En el Fuero de Zorita de los Canes, según el códice 217 de la Biblioteca Nacional, Siglo XIII al XIV, y sus relaciones con el Fuero Latino de Cuenca y romanceado de Alcázar).

Es este fuero el que evidencia la existencia de población judía, al menos, desde el 1180, ya que ayudaría sin duda al aumento de la población judía, aunque más relevante políticamente fue la concesión entre 1.220 y 1.225, por parte del Rey Fernando III, del denominado Fuero Grande de Zorita inspirado en el de Cuenca, en el que se tratan los aspectos más relevantes en la vida económica, social y política y en el que se llega a admitir la práctica de juicios mixtos con jueces de ambas culturas para dirimir pleitos entre cristianos y judíos.


 

De todas maneras, no se ha podido establecer hasta el momento el inicio de la presencia de comunidad judía en esta localidad, aunque, debido fundamentalmente a esa importancia comercial que ya tuvo durante la alta edad media, y que también fuera una plaza durante época musulmana, puede ser que ya se hubiera permitido el establecimiento de familias y mercaderes judíos en el municipio. 




En un documento sobre los territorios de la Corona de Castilla en 1215 se cita ya la Aljama de Zorita (de los Canes), y que esta se situaba en el interior de la fortificación de la villa, ya que  durante la alta edad media fue costumbre que la judería estuviese incluida dentro o colindante a de las fortificaciones del castillo de las ciudades  (Memorial Histórico Español, XLIII, 1905, p. 117).  Aunque nada queda de ella, según la descripción de más abajo, la parte de la judería parece corresponder a la explanada aneja al castillo y separada de éste por un foso que está al norte de la fortaleza. Y es que en documentos que describían la fortaleza de Zorita de los canes, indicaban que:
“ay una puerta que se dice la puerta del pozo, porque por esta puerta habia un pozo de hasta tres ó quatro estados de hondo por donde pasaba á la judería, y dentro en la judería ay una concavidad pequeña á modo de mezquita y en ella pintadas muchas cosas que no se pueden determinar que son dentro, y dentro de esta judería hay un gran patio de tierra, y todo cercado de sus murallas, y almenas, y á la parte del Castillo dentro en esta judería, ay una cava hecha de peña picada que tendrá de hondo como dos estados, y dentro de esta cava ay una rondilla que vuelve á encima de la puerta del pozo, y encima de ella ay sus almenas, y son defensa, y al cabo de abajo de esta puerta del pozo, acia oriente, ay una puerta que se dice la puente levadiza, para salir fuera de las cabas de la fortaleza…”

Por tanto, dentro de un recinto amurallado, aunque no el que se aprecia en la actualidad, se encontraba la judería de Zorita, en la parte más septentrional de la colina donde se sitúa esta, y que incluso una de las torres de la muralla de la fortaleza llevaba el nombre de Torre de la Judería.



Poco a poco, la Orden de Calatrava irá perdiendo influencia en la Villa y Tierra de Zorita, muy especialmente, tras la derrota infringida por los portugueses a las tropas castellanas en 1.385, en la Batalla de Aljubarrota, en la que murieron todos los soldados enviados desde esa encomienda, excepto uno. La población de Zorita quedó diezmada, contando entonces con tan sólo 25 familias. La escasez de varones y los pocos impuestos que se recaudaban debido al alto número de nobles, hidalgos, judíos y mercaderes exentos todos ellos de gravámenes, marcaron el inexorable declive de Zorita en favor de aldeas como Almonacid, que fue fortificada a lo largo del Siglo XIV, o Pastrana que fue entonces cuando comenzó a ser amurallada. Dos años más tarde, a Pastrana le fue concedido el cambio del día de Feria del sábado al miércoles, dando acceso a todas las transacciones comerciales a la población judía, y la exención de impuestos a los mercaderes que a ella acudieran, por lo que es de prever que fuera esto la desaparición de la aljama. A lo largo del Siglo XV la Orden fue distribuyendo entre estas dos poblaciones las funciones administrativas del Partido de Zorita, residiendo, finalmente, el Comendador calatravo en Pastrana abandonando el Castillo. En el siglo XV una riada se llevó el puente, y entonces dandose el golpe de gracia a la villa. A lo largo del siglo XV el Castillo de Zorita se convirtierte en un castillo-arsenal, custodiando únicamente armas de fuego, de propulsión, armaduras, munición y diverso utillaje para la conservación y fabricación de las mismas. En el siglo XVI se acometerá la última obra estructural del castillo, la torre del Espolón, conjunto preparado para soportar fuego artillero, adaptándose a nuevas necesidades militares en el contexto de la Guerra de las Comunidades contra Carlos V (1520-1523).

Bibliografia:
[1] Monumentos de Castilla-La Mancha Castillo de Zorita de los Canes. Gobierno de Castilla - La Mancha
[2] La aljama hebrea de Zorita. Privilegio inédito que le otorgó el Rey D. Enrique I en 20 de diciembre de 1215. Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo 40 (1902), pp. 165-169.